- fue y permanece edificada sobre "el fundamento de los Apóstoles" (Ef 2, 20; Hch 21, 14), testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo (cf. Mt 28, 16-20; Hch 1, 8,1 Co 9, 1; 15, 7-8; Ga 1, 1; ect.).
- guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza (cf. Hch 2, 42), el buen depósito, las sanas palabras oídas a los Apóstoles (cf. 2 Tm 1, 13-14).
- sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, "al que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia" (AG 5):
proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos
pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio (Prefacio de los Apóstoles I:
Misal Romano).
La Misión de los Apóstoles
Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de us ministerio, "llamó a los que él quiso [...] y vinieron donde él. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3, 13-14). Desde entonces, serán sus "enviados" [es lo que significa la palabra griega apóstoloi]. En ellos continúa su propia misión: "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Jn 20, 21; cf. Jn 13, 20; 17, 18). Por tanto su ministerio. es la continuación de la misión de Cristo: "Quien a vosotros recibe, a mi me recibe), dice a los Doce (Mt 10, 40; cf, Lc 10, 16).
Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como: "el Hijo no puede hacer nada por su cuenta " (Jn 5, 19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él (cf. Jn 15, 5) de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como "ministros de la nueva alianza" (2 Co 3, 6) "ministros de Dios" (2 Co 6, 4) "embajadores de Cristo" (2 Co 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los ministerios de Dios" (1 Co 4, 1). En el encargo dado a los Apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la Resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo ls ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28, 20). "Esta misión divina confiada por Cristo a los Apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el Evangelio que tiene que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los Apóstoles se preocuparon de instituir [...] sucesores" (LG 20). [Catecismo de la Iglesia Católica #857-860]
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